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Por ello, las preguntas no pueden no ser respondidas; es necesario que haya personas que llevando el tesoro de la Verdad en su interior sepan dar razón de ello con claridad y sencillez.
Vemos, pues, que es fundamental que haya católicos coherentes y formados, que sin temor propaguen la Buena Nueva del Señor Jesús que responde completamente a los interrogantes más profundos del corazón del hombre.

